Carta a la fiel, leal, valerosa y siempre benéfica ciudad de Vigo

Atardecer desde el Puerto de Vigo

Tienes el honor de ser la metrópoli más grande de Galicia, el primer puerto pesquero del mundo, y contar con una de las playas más bellas de todo el planeta. Vigo, tú que naciste mirando de frente al Atlántico, con las islas Cíes protegiendo tu imponente ría, a ti quiero darte las gracias. Cada año que paso lejos soy consciente de lo mucho que te debo.

Gracias Vigo por enseñarme la belleza del mar, por permitirme contemplar esas puestas de Sol desde el monte del Castro. Tú  me enseñaste que a veces ganar  no es lo más importante, todavía recuerdo esa tanda de penaltis en 1994 contra el Zaragoza, un Celta que nos hace soñar y sufrir a partes iguales, sería más fácil ser de otro, pero entonces perdería una parte de mí. Un vigués sabe que la vida no es una línea recta, que hay muchas cuestas, y vaya si las hay en Vigo.

Gracias por las noches de Churruca, por las de vinos, y por todas las personas que conocí, por aquellos que se convirtieron en mis amigos y por los que no.  Gracias por los paseos por Príncipe, los veranos en el Vao, y los turnos en Citroën.  Gracias Vigo porque tú me enseñaste lo más importante, me enseñaste que ser vigués es para toda la vida, que me puedo ir una y mil veces y siempre estarás en el mismo lugar, esperando a aquellos que crecimos en tu seno, acogiendo a los nuevos que llegan, porque eres una ciudad viva, de gente amable, donde hacer amigos es fácil, siempre benéfica.

 Gracias por ser mi hogar, fiel, leal, valerosa y siempre benéfica ciudad de Vigo.

 

Firmado: un vigués


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